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ESCUELA DE CRUCERO. Maniobra de amarre (6/13)

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Daniel Cavanilles

ESCUELA DE CRUCERO. Maniobra de amarre (6/13)

Si algo nos une a todos los que nos gusta navegar, en cualquiera de sus modalidades, es que cuando acabamos con nuestra actividad debemos amarrar la embarcación.

Por Daniel Cavanilles

Instructor Yachtmaster Offshore Sail & Power por la RYA (Royal Yachting Association)

Instructor jefe en Yacht Point Training

El fin de fiesta, que en ocasiones nos puede dejar un resabio amargo si no conseguimos que vaya todo lo bien que habíamos imaginado. Veamos algunas sugerencias que nos pueden resultar útiles.

Lo esencial

Como ya hemos mencionado en otros artículos la maniobra se llevará acabo contra los elementos (viento y/o corriente) y con la mínima velocidad en la que obtengamos un gobierno eficaz de la embarcación. En toda maniobra además, deberíamos seguir los siguientes pasos:

  • valoración del escenario
  • estrategia
  • posibles peligros de la maniobra y vías de escape

Ahora bien, en determinados escenarios deberemos ser todavía más prudentes y respetar algunos principios adicionales.


El efecto de la hélice, esencial a la hora de abarloarnos.

Amarre abarloado con viento perpendicular al muelle. Si el viento es longitudinal al muelle sabemos (maniobra contra los elementos) que lo haremos proa a aquel. Si el viento es perpendicular, en cambio, por qué costado amarramos vendrá indicado por el efecto de la hélice cuando damos atrás: amarraremos por el costado hacia el cual cae nuestra popa. De esta manera, acercaremos la popa cuando detengamos la embarcación.

Cuando el viento nos lleva al muelle, resulta sencillo detener la embarcación paralela al muelle a a un par de metros y esperar que el abatimiento me acerqué a los norays. Seguramente será la maniobra más sencilla con la que nos encontraremos, lo único que debemos evitar es ir demasiado rápido para que la arrancada no nos lleve a golpear nuestro costado contra el dique.

Cuando el viento nos aleja del muelle, sin embargo, debemos coordinar muy bien la maniobra ya que el margen de error se reduce. Si no nos detenemos suficientemente cerca, el viento nos quitará cualquier posibilidad de encapillar nuestras amarras al alejarnos del muelle. En este escenario la clave será una amarra dispuesta por el través, lista para encapillar por seno desde la propia embarcación. Al ser el través el punto más amplio de la embarcación, es decir, el más cercano al amarre, es el lugar ideal para que un tripulante pase el cabo por el noray en tierra y haga firme en la cornamusa. Incluso, maniobrando en solitario es una operación factible. Una vez hemos pasado el cabo por seno no debemos preocuparnos si el barco abate, ya que tenemos un cabo firme. Simplemente daremos avante y lo dejaremos en avante mínima. La embarcación irá acercándose al muelle hasta quedar paralela. Recordemos que dando avante puedo orientar con el timón la dirección de la proa (agua fluyendo por la pala del timón, hecho que no ocurre cuando doy atrás) si veo que se me cierra demasiado contra el muelle. Una vez la embarcación esta en paralelo al muelle tenemos todo el tiempo del mundo para hacer firme los largos de proa y popa. Después procederemos con los espríns. Y ya solo nos queda volver a punto muerto y apagar el motor. Maniobra sencilla y elegante. De esta manera nos evitamos tripulantes bajando a toda prisa, nervios, y posibles problemas de coordinación.

Amarre en punta con viento cruzado al amarre. Ante todo, cuando no tengamos claro si seremos capaces amarrar de popa con éxito, amarremos de proa y evitemos accidentes. El buen patrón es el que toma la decisión que mejor se adecua a las circunstancias y a sus limitaciones, no aquel que se empeña en triunfar en todas las maniobras que se propone. El amarre de popa con viento cruzado es una de las peores situaciones a las que nos enfrentaremos dentro de una marina. Como hemos mencionado en artículos anteriores haremos una aproximación contra los elementos llevando el giro final de la proa contra estos, equilibrando de esta manera, inercia y deriva. Sin embargo, si el viento es de cierta intensidad y cuanta mayor sea la eslora de la embarcación puede resultar difícil conseguir que la embarcación gire efectivamente. Es ante todo cuestión de arrancada, necesitaremos cierta

inercia para poder girar pero sin que llegue a ser excesiva y que nos pueda hacer entrar en el amarre descontrolados y golpear las embarcaciones vecinas. Lo ideal es intentarlo a un régimen moderado y comprobar si consigue evolucionar según nuestros deseos. Si comprobamos que le falta potencia, abortaremos la maniobra y la intentaremos de nuevo a mayor velocidad. Y así hasta que demos con las revoluciones adecuadas. Recordemos que el tiempo no existe (o no debiera existir) cuando navego, nos tomará el tiempo que haga falta.

Aún consiguiendo la potencia adecuada cualquier detalle puede salir mal, así que protegeremos especialmente los puntos más críticos que en nuestra aproximación será la aleta de barlovento y la amura de sotavento. En caso de que el giro se vea interrumpido por cualquier motivo, el barco se cruzará el el amarre por causa del abatimiento, llevando la proa hacia el ancla de nuestro vecino de sotavento y consecuentemente nuestra aleta contra el través de nuestro vecino de barlovento. Si tenemos buenas y robustas defensas en su lugar no deberemos lamentar daños.

También resultará crucial (especialmente con tripulaciones reducidas) tener preparada la amarra de popa-barlovento ya que en un escenario como el descrito solo necesitaremos hacer firme esa amarra y dar avante para tener la embarcación controlada, al pivotar ésta sobre la amarra y llevar la proa a barlovento y contrarrestar el abatimiento. Tal maniobra nos dará la tranquilidad suficiente para trabajar con la guía y la codera sin prisas. Sin embargo… ¡ojo con la guía! Si hemos dejado avante para pivotar, deberemos tener especial cuidado de alejar la guía de la hélice al levantarla.

Lo recomendable    

No olvidemos aspectos básicos como la inercia, el momentum, que intentará prolongar mi trayectoria aún deteniendo mi arrancada. Por ello es importante que siempre intentemos una aproximación desde la dirección opuesta a donde queremos que descanse la embarcación. Además que esta aproximación me permitirá tener una amarre abierto, visible, ya que tendré una clara visión del amarre en mi aproximación. Y por supuesto debemos comprender que en las situaciones en las que los diferentes parámetros en los que baso mi estrategia sean contradictorios (los elementos y una aproximación limpia nos invitan a estrategias diferentes) deberemos valorar y buscar el mejor compromiso y…

¡Recuerda!

Con calma y educación, asigna una función a la tripulación para el momento del atraque. 

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