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ESCUELA DE CRUCERO. Largar amarras en circunstancias difíciles (7/13)

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Daniel Cavanilles

ESCUELA DE CRUCERO. Largar amarras en circunstancias difíciles (7/13)

Damos por sentado que la maniobra complicada será el amarre y en muchas ocasiones no nos concentramos lo necesario a la hora de largar amarras. Lo damos por hecho y es un error: podemos enfrentarnos a los mismos problemas al abandonar el amarre que al entrar en él.

Por Daniel Cavanilles

Instructor Yachtmaster Offshore Sail & Power por la RYA (Royal Yachting Association)

Instructor jefe en Yacht Point Training

Lo recomendable

Una vez más, como siempre dentro de la marina, lo primero es evaluar las circunstancias. Con ello conseguiremos establecer un orden a la hora de largar amarras. Busquemos como siempre la simplicidad, que es la clave del éxito. Largaremos en último lugar las amarras de barlovento como es lógico para evitar cualquier desplazamiento indeseado de la embarcación dentro del amarre. A lo que quizás no estamos tan acostumbrados es a aligerar la embarcación, esto es, deshacernos de todas las amarras innecesarias y redundantes y quedarnos solamente con las que trabajan realmente. Nos facilitará mucho la vida.


Parece obvio pero, ¡hay que practicar!

Lo esencial

En el caso de que amarrados de punta, de popa al pantalán, y el viento nos entra por la popa estaremos ante la situación más benévola, ya que podremos deshacernos de las coderas en primer lugar para pasado unos segundos prudenciales largar la popa y partir. En el caso de que en el mismo amarre el viento nos entrara por la proa, la teoría nos diría que en primer lugar largaríamos las amarras de popa para después dejar las coderas. Ahora bien este escenario nos puede llevar a no dar el suficiente tiempo a las coderas a hundirse y enganchar en la orza o la hélice. Es una simple cuestión de darle unos segundos a los cabos para que se hundan pero la experiencia me ha enseñado que nos suele costar ser tan pacientes. En su lugar, les invito a utilizar un sistema fiable y seguro: antes de largar ninguna amarra, dejamos mínima avante y largamos las amarras de proa. Aunque sean las de barlovento la ayuda del motor hará que nuestra embarcación no retroceda ni un metro hacia sotavento. Una vez hemos dado tiempo de sobra a los cabos para hacer fondo, ponemos punto muerto, largamos las de popa y mínima avante de nuevo. Sencillo y pulcro.

Harina de otro costal son las salidas con viento cruzado. Nos suelen agobiar mucho y no debería si seguimos un par de principios básicos. Hagamos como en el caso anterior: demos mínima avante y larguemos las coderas. La embarcación no debería caer a sotavento por el efecto del motor y si lo hace deberemos darle unas cuantas revoluciones más. Pasamos a largar la amarra de popa-sotavento, quedando solamente sujetos por nuestra amarra de popa-barlovento. Este único punto de sujeción nos hará pilotar hacia barlovento, apoyándonos sobre la embarcación vecina (incluso desplazándola), ganando de esta manera un valioso margen a sotavento que antes no teníamos y que hará que la inevitable caída a sotavento en mi salida no se traduzca en colisión.

Si el viento es intenso podemos perfeccionar nuestro sistema con la amarra más larga que tengamos a bordo. La pasamos por seno (un chicote amarrado a la cornamusa, pasa el cabo por el noray en tierra y vuelve a la cornamusa con una vuelta simple que nos permita ir lascando fácilmente) y a medida que avanzamos, mantenemos la tensión para no dejar de pivotar pero lamollamos al mismo tiempo (de lo contrario no avanzaríamos). Esta maniobra, que la debe hacer alguien con experiencia y no es apta para principiantes, nos permitirá sacar algo así cómo media eslora del amarre (depende de la longitud del cabo) asegurando que podemos salvar las coderas y el ancla de nuestro vecino de sotavento.

Existe una maniobra similar pasando un cabo por seno desde nuestra proa a la proa del vecino de barlovento y actuar de la misma manera, a saber, ir lascando a medida que avanzamos, manteniendo la proa siempre arriba. Esta variante me parece incluso más delicada que la anterior porque cualquier error por parte del manipulador del cabo provocará que nuestra proa se acerqué peligrosamente a nuestro vecino.

Por último pero no menos importante si al salir del amarre nuestra proa cae a sotavento, no luchemos infructuosamente, saldremos hacia sotavento del amarre y saldremos del canal con máquina atrás.

En el caso de estar abarloados con un viento cruzado que nos empuja contra el muelle solamente conseguiremos una salida limpia con una maniobra de esprín. Podemos efectuarla ya sea por proa o por popa. Lo único que necesitamos es una amarra en ese sentido y una buena defensa en el mismo extremo de la embarcación, donde pretendemos pivotar. Si hacemos un esprín de popa, colocaremos defensas en la aleta y daremos atrás. Si lo hacemos por proa, protegeremos la amura y daremos avante. En este caso nos podremos ayudar con el timón (al dar avante tenemos  agua fluyendo por la pala del timón). Una vez hayamos “abierto” la embarcación saldremos avante o atrás, como convenga.

En este tipo de maniobras, sencillas una vez adquirida cierta práctica, pueden resultar desastrosas si no seguimos unas pautas. Una vez hemos pivotado sobre la proa o la popa, debemos asegurarnos que nuestro ángulo de salida sea amplio y claro ya que algo abatiremos cuando comencemos a desplazarnos y no querremos tener ningún obstáculo demasiado cerca por sotavento. Debemos asimismo, tener una gran coordinación a la hora de largar. Es indispensable que vayamos a punto muerto antes de largar la amarra (de lo contrario avanzaría a lo largo del muelle al no tener la resistencia del esprín) para dar a continuación arrancada en sentido inverso y salir del amarre cuanto antes. Pensemos que tenemos un viento que me abate hacia el muelle y cuanto más tiempo le demos (cuanto más tiempo no estemos con arrancada efectiva) más cerca nos llevará de vuelta a la posición inicial. Y por último y no menos importante: la persona encargada de la amarra será una persona con la suficiente experiencia para ello; es una maniobra con mucha presión sobre las amarras y cualquier pellizco de esta sobre un dedo puede resultar desastroso y…

¡Recuerda!

No olvidemos nunca que una embarcación se puede reemplazar pero nuestras manos no. Ante la duda… ¡soltaremos el cabo!

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